"No quiero llegar a viejo y darme cuenta que la única preocupación de mis hijos por mí, será ir a tirarme a una casa de reposo". La vejez es una etapa en la vida, a las que la mayoría de las personas añoran con llegar en buenas condiciones de salud, y con un nivel de vida suficiente para no vivir en situaciones complicadas los ultimos años. Lamentablemente no es igual para todos. Ancianos durmiendo bajo los puentes, pidiendo limosna en las calles o simplemente abandonados es un panorama de todos los días. No existe una política social rotunda para preocuparse de la tercera edad. No entra en discusión las distintas políticas existentes para los adultos mayores y que cada vez avanzan más: vacaciones, programas de salud, educación y otros componen una malla admirable si nos ponemos en el caso de que se trata de personas que sólo debieran dedicarse a disfrutar la vida.
Han dado todo. Muchos años de trabajo y esfuerzo para terminar reducidos a la mínima expresión de dignidad que puede afrontar un ser humano. Leyendo la columna del sacerdote jesuita Felipe Berrios en la revista El Sábado de El Mercurio me encontre con el recuerdo de aquella anciana abandonada por sus hijos y que fue encontrada en pésimas condiciones de higiene y salud.
No existe una reflexión adecuada a lo que sucede. ¿Culpas al estado por esto? No es lo más justo. La pregunta va mucho más alla: ¿Qué nos sucede como sociedad que permitimos que cosas como esa sucedan? Aparentemente hemos perdido la noción de dignidad. Y no hacia nosotros, sino hacia aquellos que ya "no nos sirven". Que crudo decirlo así, pero eso es lo que estamos demostrando. Una persona anciana no nos sirve, pues no produce nada excepto gastos. Que triste saber que nuestra sensibilidad como sociedad frente a los adultos mayores ha llegado a eso.
Afortunadamente no es para todos así. Afortunadamente existen abuelitos que no deben sufrir la desgracia de vivir en la miseria y el abandono. Obviamente lo ideal sería que todos vivieran en condiciones aceptables pero el mundo no es el ideal y no se puede pedir tanto. Quizás no piense lo mismo el día que me toque llegar a viejo. Quizás no tenga que sufrir lo que muchos hoy. Quizás tenga una familia que se preocupe y me cobije a su lado. Quizás para ese tiempo ya no sea un tema de discusión. Quizás estoy pidiendo mucho. Quizás me estoy volviendo viejo...
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