El día que Nicolás Massú y Fernando González, jugaron la final del dobles olímpico contra la dupla alemana (creo que eran Schuetler y Kiefer, aunque no estoy seguro), nosotros comenzábamos una memorable y olímpica jornada llena de ‘medallas’ e innumerables celebraciones con ‘copas’ en mano. La casa de Ariel hervía, con cada punto favorable, saltábamos, nos abrazábamos y seguíamos abriendo botellas.Horas antes, Fernando González había obtenido la primera medalla para Chile en Atenas 2004, al derrotar en la definición por el bronce al estadounidense Taylor Dent. Jornada maratónica de tenis que se extendería por varias horas más. Y en lo personal, por un par de semanas extra.
Ya cerca de las 10 y algo de la noche, y cuando la dupla chilena se fundía en un abrazo luego de haber ganado a los alemanes, nuestro grupito comenzaba a planificar la noche. Fue una larga noche de celebraciones, recorriendo variados lugares de la capital y terminando el carrete en Viña del Mar en casa de otro amigo.
Conscientes (inconscientemente) de que en cosa de horas Nico Massú iba por la de oro en singles, llegamos a Santiago a ver el partido cada uno en sus casas. La jornada tenística y llena de medallas no terminaría hasta casi un mes después, cuando los ‘héroes olímpicos’ llegaban a Chile, mientras en la localidad de Papudo una decena de jóvenes compartía a través de la tele la llegada de los jugadores al Palacio de La Moneda en Stgo. Obviamente ese día quedaría marcado por la cantidad de alcohol en el cuerpo, el encuentro con las chicas de Lo Castillo, y la visita de uno de los personajes a la piscina de un conocido condominio a eso de las 5 am.